La premisa fundamental del sociólogo alemán Max Weber
que concede en gran medida al Estado el “monopolio del uso legítimo de
la violencia”, no tiene lugar en Michoacán
Durante
la lucha por la Independencia de México, el 22 de octubre de 1814 José
María Morelos y Pavón firmó en Apatzingan, actualmente en el estado de
Michoacán, la primera constitución mexicana y de América Latina. En la
Constitución de Apatzingan el constituyente preveía la instauración de
un régimen republicano, en donde la soberanía residiera en el pueblo y
su ejercicio de representación se integraría de legisladores elegidos
por los ciudadanos.
Hoy, 200 años después, la región de
Tierra Caliente en el estado de Michoacán vive tiempos distintos frente a
los que, en un momento histórico, fue el intento de la instauración de
una soberanía. En el Michoacán de hoy vemos la evidente ausencia del
poder del Estado, el crecimiento del crimen organizado y el desarrollo
de los llamados grupos de autodefensa que llevan meses tomado poco a
poco el ejercicio de la autoridad en sus manos, condiciones que han
generado un contexto de ingobernabilidad en la región.

La
premisa fundamental del sociólogo alemán Max Weber que concede en gran
medida al Estado el “monopolio del uso legítimo de la violencia”, no
tiene lugar en Michoacán. Desde la Ciudad de México es difícil hacerse
una idea de lo que ocurre en el estado pero, de acuerdo con diferentes
medios, los grupos de autodefensa integran a miles de “ciudadanos” que
han tomado la ley en sus manos. Es cosa de todos los días leer noticias
sobre la quema de camiones en carreteras michoacánas, ver fotos de
barricadas, de grupos armados hasta los dientes con AK-47 y granadas en
camionetas SUV último modelo y de policías municipales mal uniformados
sometidos por miembros de estos grupos.
Las autodefensa se han ido formando en
diferentes regiones del país ante la falta de condiciones mínimas de
seguridad pública, la corrupción policiaca y el avance de los grupos del
narcotráfico. Desde el año 2006, bajo la presidencia de Felipe
Calderón, Michoacán ha sido un foco rojo y la incapacidad del Estado en
la zona es patente, a pesar de la presencia de miles de soldados, así
como de miembros de la Policía Federal.
En el caso específico de Michoacán, los
denominados “grupos de autodefensa” parece ser que se encuentran bajo el
liderazgo del doctor José Mireles y de Hipólito Mora, quienes, se dice,
son protegidos por miembros de la Policía Federal. La “policía
comunitaria” de Tepalcatepec cuenta con un perfil en Facebook con más de
24 mil likes y ahí postean los eventos más relevante de su lucha. De
acuerdo con información de medios nacionales, el avance de los grupos
permitió que estos tomaran el poder en diferentes comunidades a lo largo
del 2013 para enfrentar el control de la región por parte del grupo del
crimen organizado conocido como “Los Caballeros Templarios”, a las
órdenes de Servando Gómez Martínez (alias “La Tuta”). En estos días los
grupo de autodefensa han tomado la Nueva Italia, están “cerrando la
pinza” para “tomar” Apatzingán, la cuna de una Constitución y hoy
considerado el centro de operaciones de los “Caballeros Templarios”.
La situación en Michoacán es a todas
luces preocupante. El gobernador Fausto Vallejo muestra la impericia ,
aparece viejo y desgasta el discurso de maneras sorprendentes, parece
ser que la palabras no tienen mucho significado para él, pero no cae en
la cuenta del desgaste que significa para la autoridad que pretende ser
eso, autoridad. Parece ser que lo mejor que puede hacer Fausto Vallejo
es mover su despacho a Apatzingan y pedirle al Secretario de Gobernación
que salga al quite. El gobierno federal tendrá que dar la cara a una
situación muy compleja, ya que enfrentar de manera violenta a miles de
grupos de autodefensa generaría una situación peor aún, sin embargo,
debe de exigir el desarme de estos grupos, al tanto que debe de
enfrentar al crimen organizado de manera contundente. El Estado debe de
fortalecer su presencia en la región pero enfrentar a los “Caballeros
Templarios” no será fácil dada la aceptación social que tienen en
algunas partes del estado.
Las grandes interrogantes son: 1) si los
grupos de autodefensa son efectivamente organizaciones a favor de los
ciudadanos y no un grupo que disputa a los “Caballeros Templarios” el
control del tráfico y producción de droga en la región, 2) si es
legítimo que en condiciones de falta de autoridad grupos ciudadanos
tomen el ejercicio de la ley en sus manos, definan la justicia y los
procesos de acuerdo con sus propios criterios (yo digo que no, pues la
consecuencia lógica sería regresar al Medio Oeste), y 3) si el
Estado tiene la capacidad de recuperar la presencia en ciertas regiones
del país y desmovilizar a los grupos armados (o experimentaremos en
carne propia la Colombia en los años 90).